El despertador sonó a las cuatro y diez. No por gusto: el eclipse parcial de Luna del 28 de agosto empezaba a las 4:34 y tenía el máximo a las 6:12, con la Luna ya muy baja por el oeste y el cielo empezando a clarear. Media hora tarde y me quedaba sin foto.
Y salió. Esa mañana colgué una hecha con el móvil, a pulso, por enseñar algo mientras todavía estaba pasando; las dos que acompañan a este artículo son ya las de la cámara: el paisaje con la Luna eclipsada y el disco al detalle. Salieron porque el sitio, la hora y la dirección estaban decididos desde casa días antes.
Qué pasó esa madrugada
Fue un eclipse parcial, pero de los buenos: más del 93 % del disco llegó a entrar en la umbra, la parte oscura de la sombra terrestre. Faltó muy poco para el total, y a ojo desnudo la diferencia apenas se nota: la Luna se muerde por un lado y lo que queda dentro de la sombra se tiñe de cobre.
La complicación no era el eclipse: era la geometría. En España la Luna se puso antes de que el fenómeno terminara, así que solo hubo ventana hasta el máximo, y con el astro cada vez más bajo y el amanecer comiendo contraste por el otro lado. Eso obliga a dos cosas: horizonte oeste completamente despejado y estar montado antes, no a la hora.
Aquí la planificación deja de ser un capricho: con la Luna a menos de diez grados, una loma o una hilera de árboles te tapan el final. Lo miré días antes con el Horizonte real del terreno de Deneb, que calcula la silueta del relieve desde tu punto exacto. Sabiendo eso, el madrugón es un trámite.
Por qué este año hay tantos
No es casualidad ni una racha: los eclipses van en parejas. Para que haya uno, la Luna tiene que estar en uno de los dos puntos donde su órbita cruza el plano de la eclíptica, y esa alineación dura unas semanas. Dentro de esa ventana caben una luna nueva y una luna llena consecutivas, separadas por unos catorce días. De ahí que el eclipse total de Sol del 12 de agosto y este de Luna del 28 sean dos caras del mismo episodio.
Lo verdaderamente raro es lo otro. España está en mitad de lo que ya se conoce como el trío ibérico:
- 12 de agosto de 2026 — total de Sol, de A Coruña a Palma pasando por Oviedo, León, Bilbao, Zaragoza y Valencia. El primero total en la Península en 114 años.
- 2 de agosto de 2027 — otro total, esta vez por el sur: Cádiz, Málaga, Granada, Almería.
- 26 de enero de 2028 — anular, el «anillo de fuego», visible desde Sevilla, Málaga, Murcia o Valencia.
Tres pasos de la sombra lunar sobre el mismo país en año y medio. Quien no llegara al de agosto tiene una segunda oportunidad que casi nadie en la historia ha tenido.
Cómo se produce cada uno
La diferencia está en quién proyecta la sombra y sobre qué.
En un eclipse de Sol es la Luna la que se interpone: su sombra barre la Tierra en una franja estrecha, de apenas unos cien kilómetros. Por eso importa tanto el sitio: dentro de la franja hay totalidad, y a veinte kilómetros ya solo un parcial. Que sea total o anular depende de la distancia: la órbita lunar es elíptica, y si la Luna está lejos su disco no llega a cubrir el solar y deja ese anillo brillante alrededor. En A Coruña, el 12 de agosto la totalidad duró 76 segundos.
En un eclipse de Luna es al revés: la Tierra se interpone y es nuestra sombra la que cae sobre la Luna. Como esa sombra es enorme, el fenómeno se ve igual desde todo el hemisferio donde sea de noche y dura horas, no segundos. Que sea total, parcial o penumbral depende de cuánto se hunda la Luna en la umbra. Y el color cobrizo no es un efecto: es la luz de todos los amaneceres y atardeceres del planeta, filtrada por la atmósfera y proyectada sobre la superficie lunar.
Fotografiarlos no se parece en nada
Comparten que hay que planificar, y poco más.
El eclipse de Sol es un ejercicio de nervios. Filtro solar obligatorio en todas las fases salvo la totalidad, y volver a ponerlo en cuanto reaparece el primer destello. La luz cambia unos diez pasos en segundos, la corona solo se resuelve horquillando de 1/1000 a un segundo entero, y no hay repetición. Yo llevo la secuencia escrita y disparo casi de memoria.
El eclipse de Luna perdona mucho más. No hace falta filtro nunca, dura horas y puedes corregir sobre la marcha. Pero tiene su propia trampa: entre la Luna llena y la Luna totalmente eclipsada hay del orden de diez o doce pasos de diferencia. Empiezas en ISO 100, f/8, 1/250 s y acabas en varios segundos a f/4 e ISO 1600 — y ahí el problema es el movimiento, porque a focal larga la Luna se arrastra en pocos segundos. Con teleobjetivo, o subes ISO o pones seguimiento.
Y hay un detalle que iguala a los dos: el Sol y la Luna se desplazan medio grado cada dos minutos. A 400 mm eso es medio encuadre. Recomponer constantemente forma parte del trabajo, y es la razón por la que conviene tener el visor de composición mirado antes y no improvisar con el ojo pegado a la cámara.
El 2 de agosto de 2027 no está tan lejos, y lo que hay que hacer ahora no es comprar equipo: es elegir el sitio. En Deneb tienes el planificador en Astro → Sol → «Planificar el eclipse», con las cinco fases calculadas y el visor dibujando la corona y el anillo de diamante. Si sales a por alguno de los dos que quedan, mándame lo que consigas por Instagram (@weathersitges_photography).



